Lucía está en la cola del supermercado, un martes cualquiera. De pronto el corazón se le dispara, le falta el aire y siente un hormigueo en las manos. Está convencida de que se va a desmayar allí mismo, o algo peor. Deja la cesta en el suelo y sale a la calle. Diez minutos después, sentada en un banco, todo ha pasado. Lo que no pasa es el miedo a que vuelva.
Si te has reconocido en Lucía, conviene que sepas dos cosas desde el principio. La primera: lo que te ocurrió tiene nombre y es mucho más frecuente de lo que parece. La segunda: se trata, y bien, en terapia.
Qué es un ataque de pánico
Un ataque de pánico es una oleada brusca de miedo o malestar muy intenso que alcanza su punto máximo en pocos minutos. Viene acompañada de síntomas físicos fuertes, y por eso tanta gente acaba en urgencias la primera vez, convencida de que le está dando un infarto.
Los manuales diagnósticos hablan de ataque de pánico cuando aparecen al menos cuatro síntomas de una lista que incluye palpitaciones, sudor, temblor, sensación de ahogo, presión en el pecho, náuseas, mareo, escalofríos u oleadas de calor, hormigueos, sensación de irrealidad, miedo a perder el control o a volverse loco y miedo a morir. Tener un ataque aislado no significa tener un trastorno. Se habla de trastorno de pánico cuando los ataques se repiten de forma inesperada y, durante al menos un mes, la persona vive pendiente de que vuelvan o cambia su vida para evitarlos.
Un apunte importante: si es la primera vez que te ocurre, consulta antes con tu médico para descartar una causa física. Hecho eso, el cuerpo suele estar sano. Lo que está desbordado es el sistema de alarma.
Cómo se vive desde dentro
Durante el ataque, el cuerpo hace exactamente lo que haría ante un peligro real: acelera el corazón, respira más deprisa, tensa los músculos y prepara la huida. El problema es que no hay ningún peligro delante. Y la mente, al notar todo eso sin motivo aparente, concluye que algo grave está pasando. Esa interpretación aumenta el miedo, el miedo aumenta los síntomas, y el círculo se cierra en segundos.
Pero lo que más desgasta suele venir después. Aparece el miedo al miedo: estar atento a cada latido, evitar el metro, los atascos, los sitios llenos, salir sin compañía. Poco a poco la vida se estrecha. Quizá sigas cumpliendo con todo, pero con una vigilancia agotadora.
Por qué aparece
Casi nunca hay una sola causa. A menudo los ataques llegan tras una temporada de estrés sostenido, una pérdida, un cambio importante o un cansancio acumulado que no nos hemos permitido sentir. A veces el cuerpo dispara la alarma justo cuando por fin bajamos la guardia, en vacaciones o un domingo por la tarde.
También influye la historia de cada uno. Cuando una persona ha vivido experiencias en las que se sintió en peligro o sin control, su sistema nervioso puede haber quedado más sensible y reaccionar con fuerza ante señales pequeñas.
Sobre esa relación entre pánico y ansiedad puedes leer nuestro artículo sobre el psicólogo para la ansiedad en Madrid, donde explicamos cómo funciona ese cuerpo que no deja de vigilar.
Cómo lo trabajamos en González Bravo Psicología
Empezamos por escucharte y por entender cuándo empezaron los ataques, qué los rodea y qué has ido dejando de hacer por miedo. Después te explicamos con calma qué ocurre en tu cuerpo durante una crisis. Entenderlo ya rebaja mucho la sensación de amenaza.
El segundo paso es la regulación: aprender a reconocer las primeras señales y a acompañarlas sin pelearte con ellas, con técnicas de respiración, de orientación al presente y de anclaje corporal que puedes usar en cualquier lugar. Con práctica, vas recuperando poco a poco los sitios que habías dejado de pisar.
Cuando el pánico tiene raíces en experiencias pasadas, trabajamos también con ese origen. Para ello utilizamos la terapia EMDR, que ayuda a procesar recuerdos que siguen activando la alarma, y, según cada caso, la terapia de partes IFS o la hipnosis clínica. No hay un protocolo igual para todos: ajustamos el ritmo a lo que tú puedas sostener.
Preguntas frecuentes sobre los ataques de pánico
¿Me puedo morir o volver loco durante un ataque de pánico?
Es el miedo más habitual, y es comprensible por lo intensas que son las sensaciones. Un ataque de pánico, en sí mismo, no provoca la muerte ni la locura, aunque en el momento lo parezca. Por eso es tan útil haber descartado antes con tu médico cualquier problema físico.
¿Cuánto dura un ataque de pánico?
La subida suele alcanzar su punto más alto en pocos minutos y después va cediendo. Es habitual quedarse cansado y con el cuerpo revuelto durante un rato, y a veces encadenar varias oleadas seguidas.
¿Los ataques de pánico se curan solos?
A veces desaparecen cuando pasa la situación que los desencadenó, pero muchas otras se mantienen porque la evitación los alimenta. Pedir ayuda pronto evita que el miedo al miedo vaya ocupando más espacio en tu vida.
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El miedo puede llegar sin avisar, pero no tiene por qué quedarse a vivir contigo.

